600 millas: tan lejos de Dios

600 millas (2015) es una producción mexicana de Michel Franco –entre otros– y el primer largometraje de Gabriel Ripstein, quien es hijo de célebre realizador Arturo Ripstein. Compite por el premio Mezcal (algo así como el premio de consolación para el cine mexicano) en la edición 30 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. La película se asoma a un asunto que aún causa indignación: el tráfico de armas de Estados Unidos a México auspiciado por las autoridades de los primeros con la complacencia –o más bien franca subordinación– de las del vecino del sur, como sucedió en el caso del programa llamado “Rápido y furioso”.

Ripstein sigue a Arnulfo Rubio (Kristyan Ferrer), un joven mexicano que se dedica a comprar armas en tiendas de Arizona con la colaboración de un “socio” norteamericano. Después las lleva a México. Su rutina cambia cuando es encañonado por Hank Harris (Tim Roth), un agente de la Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF). Luego de un altercado con él, decide llevarlo como rehén en su viaje de regreso. Conforme se desplazan parece que para sobrevivir necesitan colaborar. Pero sólo parece…

600 millas

Con un estilo que hace recordar al de Amat Escalante en Heli (2013) –si bien con menores dosis de sordidez– Ripstein propone un seguimiento a corta distancia, con cámara en mano y ocasionales planosecuencias. Evita ser explicativo, pero los breves trazos que esboza hacen posible acercarse a sus personajes, conocer su rutina y compartir las tensiones que viven. De esta forma consigue, sobre todo, cierta subjetividad. Las descripciones son efectivas y permiten inferir que Arnulfo es un peón en la estructura de un cártel de narcotraficantes de poca jerarquía; asimismo muestra cómo funciona la estrategia norteamericana en el tráfico de las armas. Las autoridades no obstaculizan la venta, y esperan a que sean usadas para rastrearlas: la muerte ofrece las pistas para ubicar al crimen organizado.

600 millas avanza con solvencia y en la ruta hace algunos apuntes, presentes desde el guión, que amplían los rasgos habituales con los que son caracterizados tanto los narcotraficantes como las fuerza policiales. Pero por otra parte propone situaciones cercanas a la inverosimilitud (como cargar con un agente estadounidense, cruzarlo por la frontera y transitar con él por México sin mayores contratiempos). No obstante, Ripstein ofrece algunas constataciones (porque tampoco son novedades ni revelaciones): para el vecino del norte México es un problema delincuencial más que un igual (en lo único que hay semejanza es en el desprecio compartido por la vida); la colaboración es posible pero no existe (de este lado hay obediencia; de aquél, indiferencia); la interacción no genera simpatía ni interés real por el otro; ni allá ni aquí hay súper héroes, pero sí hay hartas víctimas (de este lado de la frontera, por supuesto). Todo esto alcanza más para la descripción que para la emoción: al final la cinta funciona mejor como metáfora que como historia.

600-millas premio Moisés Zonana

Por su desempeño, Ripstein obtuvo recientemente en Berlín el premio a la mejor ópera prima. En la foto, de izquierda a derecha: Michel Franco, Gabriel Ripstein y el también productor Moisés Zonana.

Un fragmento:

Entrevista con el realizador:

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